Siempre supuse que era mi culpa.
Siempre lo supe.
Entendí que todo tenía que ver con que no era suficiente,
no estaba a la altura.
Pero algo sonó en mi cabeza, luego de mucho tiempo.
Resignificó una historia entera en segundos.
[click!]
Me di vuelta y solté tu mano,
porque ya no estarías a mi lado.
Tomar la responsabilidad y la culpa,
fueron mi forma de mantener el equilibrio.
La homeostasis fue posible,
gracias al peso que puse en mis hombros.
Pero ahora, me esperan otros caminos. Otros destinos.
Cara. O Seca.
Me fui en silencio, respirando hondo,
deseando que me detengas, que tomaras consciencia de lo que te perdías.
Pero no lo hiciste.
Y se que te hizo mal.
Pero todos lastimamos alguna vez.
Hace falta. Al menos una vez.
sábado, 14 de julio de 2012
Su historia
Pequeño y robotizado
por momentos no parecía humano.
La vida, si así se la podía llamar,
no había sido tan grata con él.
La moneda cayó del lado equivocado,
o simplemente no cayó en ninguna parte.
Nunca se escuchó el ruido del metal.
Pequeño y robotizado,
nunca supo bien su origen.
De donde ni de quién venía.
Y así se fue (des)armando un destino.
Él la llamaba su historia triste.
Pocas veces reía, saltaba, jugaba.
Solo, pero inquieto, escribía sentado grillas intrigantes.
Algo latía pequeño, fugaz,
en una mirada que nunca era sostenida.
Más que de costado.
Sin nada, sin nadie. Casi como un paquete humano.
Casi. Mi optimismo.
Muchas veces me pregunto qué será de él.
Y muchas otras veces recuerdo ese día,
que lo hicimos pasar al frente y lloró al mostrar sus dibujos.
Él, pequeño y robotizado,
con su historia triste,
que solo lloraba cuando lo aplaudían.
por momentos no parecía humano.
La vida, si así se la podía llamar,
no había sido tan grata con él.
La moneda cayó del lado equivocado,
o simplemente no cayó en ninguna parte.
Nunca se escuchó el ruido del metal.
Pequeño y robotizado,
nunca supo bien su origen.
De donde ni de quién venía.
Y así se fue (des)armando un destino.
Él la llamaba su historia triste.
Pocas veces reía, saltaba, jugaba.
Solo, pero inquieto, escribía sentado grillas intrigantes.
Algo latía pequeño, fugaz,
en una mirada que nunca era sostenida.
Más que de costado.
Sin nada, sin nadie. Casi como un paquete humano.
Casi. Mi optimismo.
Muchas veces me pregunto qué será de él.
Y muchas otras veces recuerdo ese día,
que lo hicimos pasar al frente y lloró al mostrar sus dibujos.
Él, pequeño y robotizado,
con su historia triste,
que solo lloraba cuando lo aplaudían.
No.
No podía entender.
No podía sentir.
No podía.
No quería saber.
No quería creer.
No quería.
No entendía por qué.
No entendía de mí.
No entendía.
No decía tal vez.
No decía que sí.
No decía.
No sabía de ti.
No sabía vivir.
No sabía.
Elocuente.
Podía escribir.
Quería lamer.
Creyente.
Recé cada noche para que la tormenta pasara.
Juntaba mis manos, esperando ser escuchado.
Plegarias numerosas y diferentes,
todas y cada una destinadas a ti, a nosotros.
Oré cada momento, cada segundo,
para que podamos seguir estando juntos.
Invoqué todo lo que fuera posible,
para que estés conmigo, y no me dejes.
Oraciones constantes fueron mi compañía,
permitiéndome creer en nosotros.
Recé tanto, oré tanto,
que te fuiste... y ni me di cuenta.
No hice nada.
Hay que separar las manos.
HACER.
Juntaba mis manos, esperando ser escuchado.
Plegarias numerosas y diferentes,
todas y cada una destinadas a ti, a nosotros.
Oré cada momento, cada segundo,
para que podamos seguir estando juntos.
Invoqué todo lo que fuera posible,
para que estés conmigo, y no me dejes.
Oraciones constantes fueron mi compañía,
permitiéndome creer en nosotros.
Recé tanto, oré tanto,
que te fuiste... y ni me di cuenta.
No hice nada.
Hay que separar las manos.
HACER.
miércoles, 15 de junio de 2011
lunes, 13 de septiembre de 2010
"De eso no se habla",
decían muy seguido.
Y entonces debería intuir
que de esto no se escribe.
Pero a veces lo más necesario
es lo menos permitido.
Y a veces lo más permitido,
me sirve de tan poco.
Porque hay muchas formas de llorar.
A algunos les danzan las lágrimas,
caen sutilmente de sus ojos,
acariciando sus mejillas.
Otros hacen un ruidito,
el justo para que digas "está llorando",
y te puedas dar cuenta que acompañan.
Otros sonríen [no entiendo mucho]
Pero yo siempre fuí de esos.
Los que hacemos sonidos guturales horribles,
nos salen como ronquidos ruidosos incómodos,
y se nos quiebra la garganta en un sollozo entrecortado.
Doy vergüenza quizá,
pero no puedo controlar las cosas que no entiendo.
No puedo controlar mi llanto, mis ruidos...
que ella esté ahí [que no esté]
y no puedo dejar de escribir sobre lo que no se debe
[ siempre fui un poquito impresentable ]
decían muy seguido.
Y entonces debería intuir
que de esto no se escribe.
Pero a veces lo más necesario
es lo menos permitido.
Y a veces lo más permitido,
me sirve de tan poco.
Porque hay muchas formas de llorar.
A algunos les danzan las lágrimas,
caen sutilmente de sus ojos,
acariciando sus mejillas.
Otros hacen un ruidito,
el justo para que digas "está llorando",
y te puedas dar cuenta que acompañan.
Otros sonríen [no entiendo mucho]
Pero yo siempre fuí de esos.
Los que hacemos sonidos guturales horribles,
nos salen como ronquidos ruidosos incómodos,
y se nos quiebra la garganta en un sollozo entrecortado.
Doy vergüenza quizá,
pero no puedo controlar las cosas que no entiendo.
No puedo controlar mi llanto, mis ruidos...
que ella esté ahí [que no esté]
y no puedo dejar de escribir sobre lo que no se debe
[ siempre fui un poquito impresentable ]
martes, 6 de julio de 2010
[columna]
Y me pregunto:¿Cuál es nuestra columna vertebral?
¿ Hay una sentido, una respuesta?
¿Cuál es ese momento que se espera y nunca llega?
¿El que nunca llegará?
El lugar es este.
El lugar no es otro.
Pero, ¿es lugar?
¿Quién lo habita?
¿Quiénes?
¿Existe la intimidad?
Torpemente me brotan preguntas.
No puedo enunciar, no puedo declamar.
Ni siquiera expresar dudas.
Ni formular buenas ni claras preguntas.
No hay hilo conductor.
No hay facilidad de expresión.
SOY PREGUNTA.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
